IGUALES EN DIGNIDAD



Pobres o ricos, altos o bajos, feos o guapos, de piel clara u oscura, la lista de las diferencias y la diversidad entre personas es interminable. Pero en ella nunca deberíamos incluir buenos o malos. ¿Quién de nosotros es tan superior a todos los demás como para poder calificar a otro de malo?

 Todos los seres humanos, por encima de cualquier diferencia, tenemos algo que nos une: la dignidad de ser personas.

Estas son grandes palabras que hemos oído muchas veces y que ya sabemos. De hecho, ninguno de nosotros despreciamos o consideramos menos a una persona de otra raza, o de otra religión o de otro país. Pero sin embargo no ponemos tanta atención a la hora de no discriminar a alguien porque no es popular, o porque viste de una forma que no está de moda, o porque sencillamente no “mola” según nuestros criterios.

Si fracasamos en estas pequeñas cosas cotidianas con las personas con quienes estamos todos los días no podemos decir que, a nivel de toda la humanidad, vemos a todos iguales y con los mismos derechos.

Los grandes principios y las grandes palabras, casi nunca nos comprometen a nada. Es en las cosas pequeñas y próximas en las que podemos y debemos trabajar para hacer un mundo mejor.

Debemos prestar mucha atención a cómo tratamos a los demás, no sólo a los amigos, sino a todos, especialmente a aquellos a los que casi nadie trata bien.

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